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jueves, 13 de abril de 2017

Comentario lectura Jueves Santo y oración

LAVAOS LOS PIES UNAS/OS A OTRAS/OS


El evangelio según Juan, es quizá uno de los textos más densos del Nuevo Testamento por su modo de ahondar en la figura de Jesús y su capacidad simbólica. En el relato en el que Jesús lava los pies a sus discípulos esta hondura adquiere un tono muy especial, no solo porque se realiza en los últimos momentos de la vida de Jesús, sino porque expresa una de las claves más radicales de su propuesta.
Jesús sabe que los líderes religiosos y políticos de su pueblo quieren matarlo y ha decidido que su modo de afrontar la persecución no va a ser huir, pero tampoco un enfrentamiento violento. En su respuesta quiere reflejar el perdón y la misericordia del ABBA que sostiene su vida. Su entrega no será un mero acto heroico, sino el testimonio del modo de afrontar el mal y la injusticia desde los valores el Reino, desde el sueño de Dios.
El relato de Juan, presenta a Jesús, como el anfitrión de una cena a la que ha invitado a sus amigos y amigas antes de la fiesta de la Pascua y los sorprende con un gesto que en su sociedad nunca haría una persona honorable: les lava los pies. Lavar los pies era un gesto de hospitalidad en las sociedades del mundo antiguo hacia quien llegaba a una casa de visita. Generalmente los desplazamientos se realizaban andando o en cabalgaduras y la mayor parte de las veces por caminos polvorientos, por lo que los pies de los/as visitantes llegaban sucios y cansados y por eso lavar los pies a los/as recién llegados/as era un modo de hacerlos/as sentir cómodos/as y acogidos/as en la casa a la que llegaban. Ese trabajo lo realizaban siempre las personas de menor estatus entre los habitantes de la casa, generalmente los esclavos o las mujeres.
Pedro, desde los valores aprendidos, se escandaliza de que el maestro tuviese la osadía de ponerse de rodillas ante sus discípulos/as y aparecer como un esclavo. Para él lo honesto es negarse a dejarse lavar los pies porque sería vergonzoso y una falta de respeto aceptarlo. Jesús insiste, poniéndolo en una situación comprometida: o acepta o deja de ser su seguidor. La respuesta de Pedro es rápida y decidida, aunque exagerada. Jesús lo invita a la moderación en las formas, pero a la hondura en la fe y en el compromiso: "Quien se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio" (Jn 13,10).
Con un gesto aparentemente insignificante Jesús rompe las fronteras que los seres humanos construimos para diferenciarnos, para mostrarnos superiores. Lavando los pies a sus amigos los invita a entrar en un espacio nuevo, para construir relaciones diferentes, en las que desaparecen las barreras de género, estatus, poder, religión y se construye desde el respeto, el encuentro y la equidad.
De este modo, Juan, recuerda a su comunidad que la actitud más importante para seguir a Jesús es el servicio; pero no cualquier servicio, sino el que no da prestigio, ni honorabilidad, y el realizarlo, suponía igualarse con la gente más pobre e insignificante. Ver a Jesús lavando los pies a sus compañeros y compañeras de mesa, sonaba a subversivo, aun para los y las que le habían seguido. Escucharlo preguntándoles si entendían el gesto que acababa de realizar desafiaba lo aprendido, urgía a construir la comunidad desde otros criterios, desde otra mirada, desde otro lugar.
Lavar los pies es hacer memoria de la vida y misión de Jesús, es dejarse seducir por lo pequeño de la historia, por la debilidad del amor, por la grandeza del perdón, por la hondura de la gratuidad como la de aquella mujer anónima que derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús reconociéndolo como mesías (Mc 14, 1-9) y de la que el mismo Jesús dijo: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará también lo que ella ha hecho. (Mc 14,9).
Un nuevo jueves santo más, pongámonos a los pies del mundo, apostemos por vivir de otra manera, hagamos del amor el origen de todas nuestras acciones y del servicio el modo de mirar el mundo y así, seremos como la mujer del perfume, memoria de la Buena Noticia de Jesús que aquella noche se puso de rodillas para lavar los pies a sus compañeros/as de mesa.
 
Carmen Soto, ssj

CON TU PAN Y COPA EN MIS MANOS...

Con tu pan y copa en mis manos
quiero recorrer los caminos y sendas
menos frecuentados de nuestra tierra.
 
Con tu pan y copa en mis manos
me siento invitado a ser buena noticia
entre mis hermanos y ciudadanos.
 
Con tu pan y copa en mis manos
comparto lo que tengo y soy
con alegría y sin pedir nada a cambio.
 
Con tu pan y copa en mis manos
salgo del cenáculo en el que estamos
a proclamar tu entrega y la Pascua que llega.
 
Con tu pan y copa en mis manos
quiero seguir horneando la vida entera
y compartirla antes que anochezca.
 
Con tu pan y copa en mis manos
levanto mesas para que nadie quede fuera
del banquete y fiesta que esperamos.
 
Con tu pan y copa en mis manos
quiero acercarme a los hambrientos de siempre
y saciar un poco sus necesidades más urgentes.
 
Con tu pan y copa en mis manos
no me importa el escándalo de compartir
y hacerme pobre siguiendo tus pasos.
 
Con tu pan y copa en mis manos
lavo y abrazo cuerpos desechos por nuestra avaricia
para ungirlos con tu perfume de resurrección y vida.
 
Con tu pan y copa en mis manos
las fronteras se vuelven tienda de encuentro
y el grito de los excluidos tu evangelio más claro.
 
Con tu pan y copa en mis manos
buscamos cenáculos a quienes andan perdidos
y revivimos tu vida y mensaje casi olvidados.
 
Con tu pan y copa en mis manos
anunciamos y denunciamos lo que hemos visto y oído
y nos sentimos dichosos de ser discípulos y hermanos.
 
Con tu pan y copa en mis manos
sentimos la presencia de tu reino que viene
como primicia gratuita y tarea urgente.
 
Con tu pan y copa en mis manos
no queremos perderte de vista aunque te vayas
y anhelamos comulgarte en todo hermano.
 
Florentino Ulibarri
 

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